RESEÑA DE "RECORDANDO LO IMPOSIBLE", SEGUNDO LIBRO DE LA SERIE "IMPOSIBLES" DE ABIGAIL VILLALBA SANCHEZ




RECORDANDO LO IMPOSIBLE
Autora: Abigail Villalba Sánchez
Género: Romántico
Idioma: Español           
Punto de venta: Amazon

SINOPSIS:
Alcohólico, mentiroso, mujeriego, asesino... Geoffrey Stanfford no es, ni de lejos, la compañía que alguien desearía. Pero los que lo conocen saben que no todo lo que se dice es cierto. Torturado por el recuerdo de alguien a quien no pudo salvar, encerrado en sí mismo y esperando a que su vida acabe. Conoce, en una fatídica noche, a la joven que será su perdición... ¿O quizá sea la salvación que tanto ansía?

Emily Laine es una joven recién devuelta a casa, que ha pasado la mayor parte de su vida en un colegio para señoritas y que vuelve para cumplir lo que, sin duda, es el sueño de toda mujer: desposarse con un hombre rico y con posición social. ¿O tal vez no? Cuando Geoffrey irrumpe violentamente en su vida, Emily se verá arrastrada por una corriente que no podrá evitar y pronto ambos se darán cuenta de que son una parte imprescindible de la vida del otro. Pero la reputación de Geoffrey, los planes de los Laine y la intromisión de un adinerado noble torcerán sus caminos de manera irrevocable. ¿Qué ocurre cuando el amor es solo un recuerdo imposible?

MI OPINIÓN PERSONAL:
“Recordando lo imposible”, es el segundo libro de la Serie “Imposibles” de Abigail Villalba Sánchez. En él se nos cuenta la historia de Geofrey Stanfford, barón de Colchester, personaje que ya apareció en el primer libro presentándolo como uno de los mejores amigos de Marcus, además de como un borracho, un estafador sin arreglo al que Marcus intenta ayudar, sin éxito; y de Emily Laine, una jovencita recién salida de un colegio para señoritas que se nos presenta en apariencia como una aristócrata remilgada, hipócrita…, pulcra, que sigue al dedillo las enseñanzas de esa escuela y los dictámenes de una sociedad cada vez mas falsa, más absurda.
Pero también sigue, en cierto modo, contándonos la historia de Rose y Marcus. Gracias a esto sabemos cómo les ha ido en su vida como pareja. Vemos que Marcus sigue siendo ese amigo incondicional de Geoffrey que le ayuda, apoya y comprende. A esa hermosa amistad se ha sumado Rose, quien quiere y aprecia a Geoffrey de una manera especial,  muy emotiva, yo creo que aquel episodio tan divertido como  picante que ambos protagonizaron en su día y esa complicidad de él para ayudarla a conseguir a Marcus, les unió de una manera muy especial, aparte de que la generosidad de Rose fue capaz de comprender y perdonar un mal acto de Geoffrey que, como todos sabemos, le afectó a ella directamente, pero también la empujó hacia Marcus. Ella es algo así como su conciencia con permiso para decirle aquello que ni el mismo Marcus se atreve, ya que como él mismo dice: Rose tiene más facilidad con las palabras.
En esto se diferencia de la anterior esposa de Marcus, Amanda,  a quien Geoffrey nunca cayó bien y a la que siempre le molestó su presencia. Y atención, amigas, porque no solo seguimos sabiendo de Marcus y de Rose, también sabremos de Vandor,  Doty y… Amanda.  Esto es algo que me encanta de esta autora, su manera de enlazar unas historias con otras.
 Tengo que decir que si la historia de Marcus y Rose me fascinó, la historia de Geofrey y Emily me ha gustado mucho más, realmente Geofrey me ha ido conquistando a cada minuto que pasaba leyendo esta más que fascinante historia.
Al principio del primer libro, “Conquistando lo imposible”, este personaje me caía realmente mal, sin embargo, poco a poco ha ido ganando mi corazón convirtiéndose en uno de mis personajes favoritos. Lo cierto es que una vez leída su historia, puedo decir que amo a Geofrey Stanfford.
Borracho, pendenciero, mujeriego, estafador e incluso asesino…, son los calificativos que la muy remilgada hipócrita y pulcra sociedad de la época conceden a Geoffrey, dejándose llevar más por los rumores que por la certeza de algo tangible. Nadie se preocupa en mirar qué hay más allá de esas habladurías,  si son ciertas o no, porque un rumor  siempre es un rumor y este es de los más jugosos; además, siempre hay que tener a alguien con el que meterse, del que hablar, a quien despellejar para pasar una velada más entretenida, más animada,  para así quizás desviar esas habladurías de tus propios vicios y secretos. Poco les importa a esos duques, marqueses y barones de pacotilla  el daño que hacen a una persona que en apariencia es todo lo que se dice de él y más… El  problema es que en esta historia nadie es lo que parece, pero tampoco  nadie se molesta en mirar más allá de la apariencia exterior de la persona.
Tanto en el primer libro como en el segundo, la autora nos presenta a Geofrey como un borracho empedernido, con un pasado duro y cruel, con una pérdida de la que se culpa, algo  que le ha llevado a huir refugiándose en la  bebida,  a perder todo su dinero en el proceso llegando incluso a empeñar los muebles de la casa para obtener así mas alcohol. Podemos decir que la culpa ha hecho que nuestro querido barón haya tocado fondo y no parece haber persona, causa o motivo que sea capaz de sacarle de ahí, pues realmente nuestro personaje no tiene ningún deseo de cambiar,  porque mientras bebe se olvida de una realidad que lo atormenta y a la que no es capaz de hacer frente.
Para terminar de agravar más ese estado de ostracismo en el que está nuestro protagonista, en este segundo libro se presenta con una herida incurable  en la rodilla, producto de su intervención en la guerra de Crimea junto a Marcus, en donde casi mueren los dos, una herida que le produce unos dolores tan intensos que a veces es el mismo alcohol quien le ayuda a soportarlo.
Pero el dolor físico no es el peor, es el dolor del alma lo que hace que Geofrey haya tirado la toalla desde hace mucho tiempo, tiempo en el cual su vida  no es más que una sucesión monótona de días y noches, en los cuales no tiene nada que esperar, nada que perder.  
Geofrey es un hombre amargado al que la vida le quitó lo que más quería en un momento determinado, a su esposa Judith y a su hijo. Desde entonces, ha vivido sintiéndose culpable de su muerte,  alimentando así día a día los rumores de una sociedad londinense  clasista que lo rechaza una y otra vez por el simple hecho de no tener dinero, de haberse arruinado.
Los rumores que circulan sobre la pérdida de su esposa  relatan que el mismo Geofrrey asesinó a Judith,  y no se paran a pensar en nada más, o en averiguar si es cierto o no. Geoffrey, hastiado ya de tantas habladurías sobre su persona, no los saca de su error, entre otras razones porque él mismo piensa que es el culpable de la muerte de su esposa, que él la asesinó, por lo que no es capaz de defenderse así mismo de todas esas acusaciones. Poco le importa a nadie la verdad de lo que ocurrió en el pasado, solo lo tienen como a un criminal  porque eso es lo que se rumorea, como a un hombre que ha llegado incluso a robar para poder llevarse un trago de alcohol a la boca.
 Realmente podríamos decir que entre esa maraña de condes, duques y barones no hay amigos que valgan la pena, solo negocios que pueden llegar a ser más o menos satisfactorios. Encontrar un amigo de verdad, una amistad tan verdadera como la que Rose y Marcus sienten hacia él es un verdadero lujo que nadie tiene y del que Geofrey puede disfrutar sin duda alguna.
Pero si hay una cosa cierta es el hecho de que si Geofrey tuviera dinero, lo demás nada importaría. Esto lo demuestra la existencia de personajillos tan repugnantes y depravados como lord Mirckwood,  un aristócrata con el que el padre de Emily quiere casarla sin pararse a ver qué persona se esconde detrás de ese Lord encorsetado, prepotente, vil,  que se presenta ante la sociedad como un hombre  intachable, cuando lo cierto es que, de nuevo, nada es lo que parece.
Rechazado por esa sociedad clasista e hipócrita, Geoffrey se ve un día gratamente sorprendido al ser invitado a casa de los Laine a una fiesta. La hija de estos, Emily, acaba de regresar de la mejor escuela de señoritas que existe y ahora sus padres tienen que dar  todos los pasos necesarios para presentarla en sociedad  con el fin de buscarla un buen marido. Marido que, por otro lado, sus padres ya tienen elegido para ella, sin dar lugar a que Em pueda dar su opinión.
Esto es algo que será el detonante de la rebeldía que Em lleva implícita en su carácter, dentro de ella,  y que no tardará en salir a la luz, confirmando ese dicho de que no hay que fiarse de las apariencias. En pocas palabras, Emily Laine no es esa jovencita sumisa y remilgada que aparenta ser, Emily Lane va mucho más allá de eso. Otra vez podríamos decir que no todo es lo que parece. Emily Lane es una rebelde, al igual que Rose,  una mujer fuera de su tiempo, que vive por encima de su tiempo, razón por la cual enseguida conectan y se hacen tan amigas.
 Quién le iba a decir a Geofrey que al acudir a la fiesta y conocer a la chica todo su mundo se desmoronaría, toda su realidad se vería trastocada.
Emily tiene un pequeño problema que tortura, que  vuelve loco a Geoffrey, pero que al mismo tiempo lo llama hacia ella como el canto de una sirena. Emily le provoca sentimientos encontrados de ira, culpabilidad, vergüenza, dolor, rabia, protección, ternura… y uno algo desconocido para él, a pesar de que ya lo sintió en otro momento, pero… no fue igual. Podríamos decir que cuando están juntos saltan chispas entre ellos y no hay un solo segundo en el cual no estén discutiendo por algo, síntoma de la negación de lo evidente. Sin embargo, cuando están separados no pueden dejar de pensar el uno en el otro.
Emily Lane provoca en mí una serie de sentimientos encontrados,  ya que por un lado es la perfecta señorita o damita de una sociedad en la que pretende entrar y formar parte de ella, educada, correcta, dulce, siempre tiene un sonrisa amable para todo el mundo, en cierto modo se puede decir que es la perfecta “hipócrita” y nunca mejor dicho, sobre todo cuando tiene que enfrentarse a un padre cruel al que su hija y su felicidad le importan un pepino.
Pero, por otro lado, es una auténtica rebelde que se esconde a veces tras esa máscara para poder hacer simple y llanamente lo que le viene en gana, sobre todo a medida que avanza la novela y ve que no tiene otra salida más que esa… disimular, fingir que todo está bien para ganar un tiempo que a medida que se acerca el final, juega en su contra. Pero también es una mujer fuerte, muy fuerte, capaz de resistir lo que sea necesario tanto física como psíquicamente;  sobre todo al final del libro, una mujer digna de Geoffrey, pero muy por encima del lord que pretende casarse con ella, sea como sea.
 Está claro que Emily no está conforme con la vida que sus padres han programado para ella, y no tarda en dejárselo bien claro tanto a estos como a su supuesto pretendiente, un hombre mucho mayor que ella, quién desde el primer momento que sale, se nos presenta como un personaje cruel, asqueroso, depravado y pervertido. Un personaje que guarda un secreto que no nos será desvelado hasta el final del libro, a pesar de que el algún momento de la narración algo se intuye. Está claro que lord Mirckwood es una persona deplorable, antipática, prepotente, que no pierde ocasión ni momento para humillar y degradar a un Geoffrey que no entiende qué ha podido llegar a hacerle. Cuando todo el mundo tiene claro que lo que le pasa al lord es que ve a Geoffrey como un rival, descubrimos la  auténtica verdad, una verdad cruel, tan cruel como la persona que la guarda, celosamente, en su interior.
Una vez que se ha producido ese primer choque,  devastador para Geofrey y confuso para Emily, Marcus y Rose van propiciando una serie de encuentros durante los cuales la relación va avanzando, poco a poco, muy lentamente, pero lo hace.
Geofrey, como digo, alberga sentimientos encontrados hacia una mujer que para él es un demonio que ha subido del infierno para torturarlo, pero es incapaz de retirarse porque, al mismo tiempo, ella lo atrae, lo llama, le produce un nuevo sentimiento que, aunque se supone que él ya lo sintió, no es el mismo, es algo mucho más profundo que le nace de muy dentro y que le va a costar reconocer, por lo menos abiertamente. Tanto le cuesta admitirlo que no solo hace daño a Emily en el proceso, sino que cuando al final consigue ser fiel a su corazón, con la ayuda de Marcus, quizás sea demasiado tarde ya para conseguir ese imposible: que Emily Lane sea su esposa.
La historia tiene por tanto muchos altibajos en donde los encuentros y charlas entre ellos son absolutamente maravillosos,  en donde Geofrey va cambiando poco a poco de actitud, asimilando su pasado, enfrentándose a la realidad y preguntándose si quizás no habrá todavía esperanza para él, una segunda oportunidad que viene de la mano de esa mujer que para él es una tortura y a la vez su salvación.  Hasta que poco a poco va desligando la realidad de lo que su mente torturada ve, y es entonces cuando comienzan una relación preciosa y a la vez prohibida.
Emily tiene que casarse con otro hombre porque así lo ha dispuesto su padre, un hombre egoísta al que su hija le importa nada porque solo el dinero es lo único para él. Por dinero la ha vendido a lord Mirckwood,  y por dinero es capaz de vendérsela al mismísimo diablo… o a la persona que más odia  y contra la que conspira, pero también por cobardía es capaz de faltar a esa promesa.  Es, en pocas palabras, un hombre que llevado por el odio y la ambición hace cosas crueles que ponen en entredicho la honorabilidad de unas personas cuyo honor ya esta mancillado de por sí.
Pero como digo, Geofrey y Emily, una vez superados los obstáculos iniciales, inician una relación tan prohibida como pasional, bonita  e intensa, en donde el amor es el motor principal. Es el amor, aunque no lo reconozca,  lo que lleva a Geofrey a exponerse una y otra vez, propiciando encuentros prohibidos que contribuyen a crear expectación,  llegando incluso a protagonizar un momento muy cruel hacia su persona, un momento álgido en la historia en donde nos damos cuenta de la verdadera naturaleza de lord Mirckwood y Christopher, el padre de Emily,  aunque esta ya se había desvelado en momentos anteriores, pero es aquí  donde se muestra con toda su crudeza. Aquí y en otros dos momentos importantes  del libro, protagonizados por Emily y su padre.
Pero Emily no se queda atrás. Ella tiene claro que no quiere casarse con un hombre al que no ama, un hombre que  le produce asco,  repulsión. Así se lo hace ver todas y cada una de las veces en que el lord pretende con ella algo más que un simple cortejo. Ella no puede amarlo por muchas razones, pero la primordial es que su corazón ya está comprometido con un hombre que al principio parece aborrecerla  y  no hay nada que ella haga o deje de hacer para que él cambie su comportamiento, hasta que una vez rendido a sus pies, como digo, la relación cambia.  Pero el hecho de que él, al final, sin reconocer todavía abiertamente ese amor, caiga a su pies, no cambia lo difícil, lo imposible que es que fructifique esa relación, que llegue a buen puerto, que ese imposible se haga posible y ambos puedan llegar a estar juntos, sobre todo porque cuando Geoffrey reacciona puede que ya sea demasiado tarde o puede que una traición y el tiempo jueguen en su contra.
¿Conseguirán vencer todos los obstáculos y lograr ese Imposible?
La verdad es que el nombre que Abbigail le ha dado a la serie,  le viene que ni pintado, porque realmente tanto la primera historia como esta segunda nos hablan de unos amores totalmente imposibles de llevar a buen puerto, ya sea por el estado social o civil de Marco, en el primero, o por ese rechazo de la sociedad a un Geoffrey que, como digo, ha tirado la toalla.
Ambas historias nos hablan de algo aparentemente imposible, pero no tan difícil cuando se tiene el arrojo, la determinación y la valentía de Rose en el primer caso y de Emily en el segundo. Porque a mi modo de ver, son ellas, solo ellas las que logran vencer con su tenacidad, con su constancia, y en el caso de Emily con su paciencia, con su comprensión de un hombre que en momentos determinados la hace daño, mucho daño. Sin embargo, ella sigue ahí, impertérrita, decidida, no se rinde, puede que caiga y se mantenga así un rato, pero sabe levantarse, sabe  seguir, a pesar de todo lo que su cuerpo aguanta. Es una luchadora, una valiente. Cierto es que la balanza, al final, cae del lado de Geoffrey, pero cuando este reacciona e intenta luchar, quizás sea demasiado tarde o quizás haya personas empeñadas en que ese imposible se quede en lo que es: algo que Geoffrey no pueda alcanzar.
Me gusta mucho la manera de escribir de Abigail. No abusa del drama excesivo,  pero no le tiembla la pluma a la hora de añadirlo si la historia así lo pide. Esto contribuye a crear expectación en la narración, a hacer que enganche, que sea adictiva, que no puedas dejar de leer. Solo os puedo decir que esta historia tiene más drama que el anterior Imposible, porque  así lo requiere y pide, ya que  el pasado de Geoffrey es dramático.
Hay algunos momentos en el libro de mucha tensión y crueldad, momentos que poco a poco van precipitando un final que te tiene en vilo hasta la última línea de la historia, momentos que dejan al descubierto la verdadera cara de aquellos personajes que se esconden tras su dinero para hacer lo que les vienen en gana, o detrás de su  necesidad de él, momentos que dejan al descubierto la vileza y bajeza de estos personajes,  su cobardía, su miseria, su falta de honor a la hora de hacer una promesa.  Momentos que llevan a unos capítulos finales de alta tensión, que te enganchan, que te tienen pegada al libro hasta el capítulo final.
Digo capítulo final porque el epílogo es otra cosa, muy del estilo de esta autora, pues deja atrás  la historia de Geoffrrey y Emily para introducir su próximo Imposible. Ya nos ha contado la historia de un amor entre un hombre casado y una mujer que no es su esposa; la de una  muchacha de buena familia cuyo destino es casarse con un hombre rico y de una posición social intachable, algo de lo que Geoffrey carece. ¿Cuál será su próximo imposible?
No sé vosotras, pero yo estoy deseando descubrirlo.

SOBRE LA AUTORA:
Abigail Villalba Sanchez,  es natural de Madrid y vive en Coslada una localidad cercana a la capital. Es muy jovencita, tan solo 23 años y esta es su segunda incursión en este mundo literario.
Sus aficiones son leer y, sobre todo, escribir y plasmar en el papel aquellos sueños e historias que siempre ha querido compartir con sus lectores.





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